Deliberación política

La deliberación política es una forma de participación democrática usada en forma creciente. Académicos del área de la psicología política y de la ciencia política empírica resaltan su potencial. Recientemente leí una revisión del tema por Tali Mendelberg, profesora de ciencias políticas de la Universidad de Princeton (recomendada).

Su base teórica es incipiente, aunque hay ejemplos de éxito. Algunos conocidos son las conferencias danesas de “ilustración del pueblo” (folkesplysning), en las que pequeños grupos de ciudadanos deliberaron sobre asuntos sociales y ambientales complejos, y sus recomendaciones terminaron en nuevas leyes. Similarmente, en Inglaterra la deliberación de grupos ciudadanos sobre cultivos transgénicos llevó a una política más sensata que la de otros países europeos, y en Chicago se modificaron con este mecanismo políticas educativas y de seguridad.

Estas deliberaciones tienen varias características. Se llevan a cabo en grupos pequeños (eventualmente, con participación virtual), heterogéneos en la identidad de los miembros y en sus pensamientos e intereses. La deliberación debe ser ilustrada, libre y abierta, sobre asuntos socialmente importantes y que preocupan a todos los participantes. El contenido de la discusión puede consistir en el planteamiento de preguntas y problemas y la presentación de evidencias. Se recomiendan menos los testimonios e historias personales.

Varios teóricos piensan que las deliberaciones deben terminar en un consenso o en votación, pero otros creen que su objetivo puede ser mucho menos concreto y puede terminar, incluso, en el establecimiento de disensos constructivos.

Los logros de una buena deliberación son principalmente de tres tipos. El primero es que generan cambios de opinión. Para llegar a consensos entre personas que inicialmente pensaban diferente necesariamente se requieren esos cambios, y ellos solo son posibles si los participantes están dispuestos a reconsiderar sus ideas y escuchar las de los otros. Claro que un cambio de opiniones no garantiza una mejor solución. Pero un resultado que resaltan los investigadores es que las opiniones se hacen cada vez “mejores”, en el sentido de que se amplía el repertorio de argumentos que las sustentan. Los deliberantes tienden a adoptar actitudes más igualitarias, cosmopolitas y enfocadas en el bien común.

Un segundo logro es ganancia en conocimiento. En un grupo heterogéneo, los participantes necesariamente poseen experticias diversas y las comparten. Curiosamente se observó que la ganancia en conocimiento sucede muchas veces en las fases preliminares de la deliberación, porque los participantes se sienten obligados a leer y a profundizar en los temas.

El tercer logro es un cambio en actitudes después de las deliberaciones. La participación mejora el carácter civil de los participantes y aumenta las posibilidades de que se vinculen a nuevas deliberaciones. Además, incrementa la confianza mutua entre ciudadanos y organizaciones convocantes (sean gubernamentales o no) y hace al participante más tolerante con las ideas del otro, porque le quedan más claras las razones por las que piensa diferente.

La negociación también es un mecanismo democrático. Pero es una medición de fuerzas (o de estrategias, como el bluff con el que se le hace creer al otro que se tiene más poder del que realmente se posee). Quienes creemos en una democracia que respeta el derecho de las minorías de opinar y de que se escuchen sus razones, pero también que es la mayoría la que gobierna, simpatizamos con la deliberación política porque en ella pesan más los argumentos que el poder. Me resulta incomprensible la negativa de los promotores del paro a participar en las conversaciones amplias nacionales.

Imagen: https://bit.ly/35CKiRq

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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