Cultura y Autoridad Política en Halloween

Como en una película de Hollywood y al mejor estilo de una banda de rebeldes motorizados, el pasado fin de semana un nutrido grupo de motociclistas, disfrazados con máscaras de payasos y pelucas multicolores, se tomaron el túnel de la avenida Colombia, paralizando el tráfico mientras realizaban piruetas y acrobacias al interior del hundimiento. Por lo inaudito y desafiante del acontecimiento, el video del mismo se volvió viral en redes sociales y generó consternación en muchos caleños. La Secretaría de Tránsito se pronunció y manifestó que los payasos motorizados contravenían los preceptos de la cultura ciudadana que se promueven desde la administración municipal.

El evento sin duda constituye una perturbación a la movilidad del resto de la comunidad que fue represada injustamente en el túnel mientras los motociclistas realizaban su osada exhibición. Una arteria esencial para la movilidad de la ciudad como esa no puede ser cerrada abruptamente y menos por un espectáculo que no estaba regulado por ninguna autoridad de tránsito o policía, quienes además, optaron por mutuamente se tiraron la pelota de la responsabilidad.

La “viralización” de este tipo de fenómenos en la ciudad aumenta el impacto psicológico de los mismos ante la opinión pública. Las redes incrementan el eco y la reverberación de todo suceso, aunque en principio pueda parecer insignificante y, en este caso, hasta circense; por su misma extravagancia, terminan creando hechos sociales que son reproducidos por los medios tradicionales. Muchos ciudadanos asumieron el bloqueo del túnel como un desafío de un grupo de “desadaptados” a la autoridad, al interés general y a la sociedad en su conjunto. “Esta es una ciudad sin Dios ni Ley” sentenció un concejal llamando a debate de control político. En suma, la opinión mayoritaria vertida en redes y recogida por varios medios de comunicación fue que los payasos nos pintaron la cara a todos.

Si bien este hecho parece inocuo frente a otros problemas de ciudad más importantes, sí desnuda cierta fragilidad del discurso del gobierno local a la hora de reafirmar la autoridad en Cali. Es algo similar a lo que sucedía con el incremento de la percepción de inseguridad hace unos meses. Ante la ola de pánico que crearon los medios y las redes en la ciudad, la respuesta del gobierno municipal fue ratificar que el plan de desarrollo aumentaba la inversión social. Ante el bloqueo de los motociclistas en Halloween, la respuesta es más cultura ciudadana.

Aunque objetivamente la administración tenga la razón en el direccionamiento general de las políticas públicas, persiste la ausencia de un parte de autoridad que genere tranquilidad, seguridad y sensación de control ante la opinión pública. La política es un arte cuyas lógicas superan el tecnicismo científico y se ubican dentro de clásicos esquemas retóricos, interpretativos y simbólicos que conoce intuitivamente el político profesional pero que soslaya el técnico competente. Mayor inversión social y promoción de la cultura ciudadana no pueden ser la respuesta automática a los problemas de orden público sino un complemento.

Ante una sociedad cada vez más conservadora, que demanda orden, principio de autoridad y claridad en la gestión de gobierno, no puede quedar en el ambiente el aroma a vacilación y relajamiento en las políticas de seguridad. No puede seguir creciendo el falso dilema entre diálogo o autoridad, cultura ciudadana o represión, zanahoria o garrote. Lejos de promover formas autoritarias, es importante incluir en el repertorio de respuestas de la administración, mensajes que revaliden su condición de primera autoridad del municipio y eviten que se siga horadando la percepción de mando y control del alcalde sobre la ciudad. Confío en que la nueva Secretaría de Gobierno que crea la reforma administrativa desde el próximo año, asuma ese rol, secundando y reforzando la voz, pero sobre todo, imprimiendo consistencia y solidez al direccionamiento político y estratégico del alcalde de Cali.

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