Conocer el pasado para construir el futuro

Recientemente tuve el privilegio de editar un libro para un distinguido grupo descendientes de inmigrantes japoneses oriundos de la Prefectura de Fukuoka.

Dediqué importante tiempo a investigar en distintas fuentes y entrevistar a varias personas. Aunque el resultado de todo el trabajo está consignado en la publicación que lleva el mismo nombre de esta columna, me permito compartir algunos hallazgos de lo que ha representado la llegada de los japoneses al Valle hace casi 90 años y que son un referente que nos puede nutrir en Colombia como colectivo ciudadano.

En primer lugar, la importancia de preservar una memoria viva del pasado. Japón es quizás uno de los mejores lugares para ser viejo. La cultura occidental suele idolatrar la juventud e ignorar el inmenso acervo de sabiduría y experiencia acumulada por los mayores. Alguien decía “si los jóvenes supieran… y si los viejos pudieran…” Me consta el cuidado casi reverencial que se tiene por los ancianos en esta maravillosa cultura.

Otro aspecto interesante es su espíritu indomable. Cuenta la historia que en 1274 y 1281, el Kublai Kan, último emperador de los mongoles que dominaba el Asia, intentó infructuosamente invadir Japón. Dos cosas se lo impidieron: Los tifones y los habitantes de la isla de Kyushu donde queda Fukuoka: personas determinadas, emprendedoras y orientadas a los resultados. De allí viene mayoritariamente la Colonia Japonesa del Valle del Cauca.

A propósito, la palabra Kamikaze que significa “viento divino”, se refería a dichos tifones y fue erróneamente utilizada por el ejército norteamericano durante la segunda guerra mundial para denominar a los aviadores.

No obstante, el hallazgo más interesante son los valores que los migrantes trajeron a nuestro país y que han preservado por pura convicción. La mejor descripción de integridad que conozco es “lo que haces cuando nadie más te está viendo”. Así son ellos.

De las múltiples entrevistas, las palabras que más se pronunciaron para describir los valores que los guían son: puntualidad, confiabilidad, calidad, verdad, solidaridad, perseverancia, respeto a los demás, disciplina, orden, pujanza y gratitud.

Ese sentido de comunidad, de cuidar y respetar a los ancianos y de mantener la integridad por encima de todo, es un legado que férreamente conserva el grupo de Fukuoka Kenjinkay en Colombia.

Finalmente, encontré que Yu Takeuchi, quien fuera profesor de la Universidad Nacional por muchos años, nacionalizado colombiano, dijo algo que describe como nada el contraste de las dos culturas y que deja un reto:

“un colombiano es más inteligente que un japonés. Pero dos japoneses, son más inteligentes que dos colombianos”.

¿Tomaremos nota del mensaje?

Imagen: Juan Carlos Prado.

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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