Cómo el Estado Islámico convierte a personas ordinarias en terroristas

El terrorismo se ha convertido en una amenaza global causante de gran devastación y una incalculable pérdida de vidas humanas. Las características de estos actos, a menudo nos hacen pensar en los perpetradores, en términos que nos dificultan comprender que la mayoría de ellos son personas ordinarias, de las cuales no se esperaría que se involucraran en actos de violencia extrema.

A lo largo de este artículo mostraré los elementos centrales que permiten explicar no solo como las personas se involucran en actos terroristas, sino específicamente como son reclutadas por el grupo terrorista Estado Islámico. Para ello presentare una descripción general del mismo, así como de uno de sus reclutas, posteriormente abordaré las estrategias empleadas por el grupo en el proceso de reclutamiento para atraer gente del extranjero a sus filas en Irak, e identificaré los mecanismos que usan en el entrenamiento para facilitar su participación en actos violentos.

La catástrofe política, económica y humanitaria causada por la guerra de Iraq en la población musulmana, aunado con el discurso negativo en contra del islam para justificarla, motivó a muchos hombres jóvenes a involucrarse en actos violentos con los que pensaban corregir las injusticias que habían experimentado (Mills, 2018).  En medio de este escenario de radicalización, en 2004 surge el grupo terrorista Estado Islámico, si bien, solo hasta 2013 se declaró a sí mismo como un Estado. Como consecuencia del crecimiento de su poder militar y la extensión de su control territorial, la acción militar en su contra por parte de diferentes países se intensificó. En respuesta a ello el grupo terrorista lanzó una campaña para reclutar miembros en el extranjero, a la vez que aumentó el número de ataques terroristas en diferentes partes del mundo (Mills, 2018).

El reclutamiento se volvió central para el fortalecimiento del dominio militar, económico y político de Estado Islámico sobre los territorios que ocupaban, así como para la expansión de su ideología. La característica más relevante de los reclutas de Estado Islámico es que son personas ordinarias, a menudo hombres jóvenes de familias de clase media, con conocimiento básico o inexistente de la religión islámica, con una falta de sentido de pertenencia en la comunidad en la que viven, lo cual es aprovechado por los reclutadores del grupo para atraerlos a sus filas, al profundizar la desconexión con sus familias y círculos sociales, mientras simultáneamente presentan al grupo terrorista como una familia, la única que realmente los va a entender y valorar (Mills, 2018).

La estrategia del grupo es enmarcar las injusticias personales de sus miembros de manera que piensen que pueden contribuir a una causa mayor, mediante un modelo de adoctrinamiento basado en tres principios. El primero afirma la centralidad del monoteísmo y de la ley islámica Sharía, el segundo señala el deber de los musulmanes de rechazar y destruir todos los ídolos, finalmente, su discurso refuerza la lealtad solo hacia los musulmanes que pertenecen al grupo terrorista. Este discurso de nosotros versus los otros promueve que los jóvenes se desconecten completamente, rechacen y destruyan la sociedad, sus líderes y cualquiera que se interponga en el camino de realizar su profecía del califato (Mills, 2018).

El internet es el escenario central para la radicalización de jóvenes que sienten que no encajan en sus comunidades, al proporcionarles la aceptación que desean a través de lecturas, que distorsionan las enseñanzas del islam para ajustarse a sus necesidades, y chats en los cuales comparten experiencias con los reclutadores al igual que con otros atravesando el mismo proceso.

Para comprender el éxito de Estado Islámico en la radicalización y posterior reclutamiento de jóvenes para sus actos terroristas, es necesario analizar los mecanismos que lo subyacen. El entorno puede ser influenciado para lograr que gente ordinaria se involucre en actos crueles o violentos, en primer lugar, al proporcionar una justificación legitima y racional para cometer dichos actos con el fin de alcanzar un propósito mayor, por ejemplo, las ideologías o un conjunto de conceptos como aquellos empleados por Estado Islámico cumplen este propósito generando apoyo al terrorismo.

Así como los reclutas son guiados durante el adoctrinamiento ideológico, después de tomar la decisión de formar parte del grupo, los reclutadores inician el proceso para asegurar su arribo seguro en los territorios que controlan. Posteriormente deben completar un formulario de revisión de antecedentes, enumerar referencias para respaldar la aplicación al grupo, además de superar la entrevista donde se indaga sobre los conocimientos, habilidades y experiencia del recluta para ubicarlo en la posición más apropiada (Mills, 2018).  Después de ser aceptado, se involucra en entrenamiento en legislación islámica y armamento por un par de semanas, enfocado especialmente en cómo manejar a la población local que no obedece la autoridad de Estado Islámico (Mills, 2018).

En la fase de entrenamiento también se pueden identificar mecanismos para facilitar que los reclutas se involucren en actos violentos. Obscurecer la responsabilidad en la violencia que infligen, suprimir el disenso entre sus reclutas y promover que abandonen su identidad, son los más relevantes.  Simultáneamente, la organización promueve valores comunes provenientes de sus principios religiosos, fomenta la solidaridad, la camaradería y el heroísmo para incrementar la participación de los reclutas en actos violentos y atraer nuevas personas al grupo. En este escenario, la interacción grupal alienta a los individuos a involucrarse en actos violentos más enérgicamente, y la presencia de otros se convierte en un facilitador social que altera su comportamiento.

La perspectiva del recluta es clave para entender el funcionamiento de dichos mecanismos. El recluta entrevistado se muestra generoso con la mayoría de los individuos identificados como ofensores de la ley, su explicación es que quiere evitar en lo posible que la gente sea castigada, sin embargo, posteriormente admite su participación en la decapitación de una persona en presencia de sus superiores (Mills, 2018). Aunque esto parece contradictorio, es posible entenderlo como un mecanismo empleado por él para manejar la disonancia cognitiva que enfrenta. Este concepto lo emplea Festinger para explicar cómo las personas buscan constantemente consistencia interna en relación con sus aspiraciones y sus acciones para alcanzarlas. Cuando un individuo encuentra disonancia en las decisiones en su vida, por ejemplo, se considera una buena persona, pero se involucra en actos violentos, debe encontrar una forma de contrarrestar la disonancia.

El recluta encuentra consistencia al decirse a sí mismo que el trató de evitar que otros fueran castigados por él al quebrantar las leyes de Estado Islámico, luego al referirse al asesinato del otro individuo, enfatiza que se sintió mal, y que sus superiores estaban presentes, por lo que estaba obligado a obedecer. Este último mecanismo busca obscurecer la responsabilidad personal contribuyendo a manejar la disonancia cognitiva; particularmente, es una forma tanto de difusión como de desplazamiento de responsabilidad que facilita al individuo involucrarse en actos violentos (Zimbardo, 2004).

Eliminar las restricciones internas del recluta para involucrarse en la violencia es una parte crucial del entrenamiento e incluye dos estrategias. Primero, se fortalece la pertenencia al grupo al hacer que compartan todas las actividades diarias, así como los actos violentos (Mills, 2018). En este proceso la identidad individual se debilita, y la necesidad de ser parte del grupo se intensifica, a medida que el recluta pasa más tiempo en la organización y comparte diferentes tipos de experiencias con sus miembros, se vuelve más difícil salir. Estado Islámico se encarga de aislar al recluta de las conexiones sociales externas, involucrándolo en actividades criminales e incrementando los obstáculos al proceso de salida del grupo a través del miedo.

La segunda estrategia es cometer actos violentos gradualmente de forma colectiva. Inician con agresión física a muñecos y objetos similares a humanos, pero que le permiten al recluta deshumanizar el asesinato; posteriormente la violencia escala a seres vivientes cuando matan animales para alimentarse, a continuación, cometen el asesinato grupal de varias personas. Al empezar con una acción pequeña, e incrementar gradualmente los niveles de agresión de manera imperceptible durante el entrenamiento, se busca que el recluta se insensibilice a la violencia progresivamente, facilitando que personas ordinarias se involucren en actos terroristas (Milgram como se citó en Zimbardo, 2004).

En conclusión, Estado Islámico es un grupo terrorista altamente organizado que ha desarrollado un sistema burocrático y eficiente para reclutar seguidores en el exterior, que incluye proporcionarles acompañamiento ideológico y logístico, así como una evaluación detallada para identificar el rol más adecuado en la organización. Los reclutas son personas ordinarias que a menudo no tienen formación religiosa previa en el islam, y que experimentan una falta de sentido de pertenencia hacia sus comunidades a la vez que luchan por encontrar su identidad. La organización explota estos sentimientos de aislamiento, durante el reclutamiento a través de los tres principios de adoctrinamiento que proveen la justificación racional para llevar a cabo los actos violentos. Luego durante el entrenamiento el grupo utiliza tres estrategias; primero, para eliminar los bloqueos cognitivos de los reclutas para matar al promover la deshumanización de las víctimas; segundo, incrementar gradualmente los niveles de agresión, y finalmente, involucrarlos en actos colectivos de violencia que permiten obscurecer o desplazar la responsabilidad personal al promover el anonimato. A través de este proceso metódico y calculado, Estado Islámico transforma personas ordinarias en miembros leales capaces de matar y morir por su causa.

 

Referencias:

 Mills, A. (April-June 2018). Caliphate [Podcast audio]. Retrieved from https://www.nytimes.com/interactive/2018/podcasts/caliphate-isis-rukmini-callimachi.html

Zimbardo, P. G. (2004). A Situationist Perspective on the Psychology of Evil: Understanding How Good People Are Transformed into Perpetrators. In Miller, A. (Ed.), The social psychology of good and evil: Understanding our capacity for kindness and cruelty (1-20). New York: Guilford.

Imagen: https://bit.ly/2I5F2Mr

 

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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