Comer o no comer cadáver

Desde hace unos años tengo una relación de amor y odio con la carne, sobre todo la bovina. El conflicto interno no es precisamente porque sea una activista que lucha por los derechos de los animales y quiera ver a las vacas deambulando plácidamente por la calle. No, el tema es acerca de lo mucho que me repugna el olor de la carne cruda y cocida y lo disuasivo que es verla salir de una bolsa con piscina de sangre como cualquier cadáver.

Me pasa en un menor grado con el pollo, el cerdo, el pavo y el cordero, aunque técnicamente su carne también proviene de un cadáver, así como también los pescados y mariscos, los cuales para mí no están ni cerca de esa categoría mortuoria y los como con el mayor placer.

No obstante, hay un factor de amor con la carne como dije anteriormente, porque indiscutiblemente surgen momentos en que el cuerpo, el cerebro y las papilas gustativas piden a gritos el sabor de una tierna y jugosa hamburguesa. Suele suceder, por ejemplo, después de una noche de rumba y uno que otro trago de más y tengo la certeza que en este club de la hamburguesa para el guayabo somos muchos.

Todo este cuento me lleva a una entrevista con Marco Springmann, de la Universidad de Oxford y Jaap Korteweg, un carnicero vegetariano de Holanda, la cual fue publicada recientemente por The Economist. El título: ¿Qué pasaría si todos nos volviéramos veganos antes de 2050? El enfoque del video es sobre todo ambiental –aunque Korteweg, de familia ganadera, menciona también la repugnancia a la sangre- y refuerza el impacto positivo que tendría en la reducción de gases de efecto invernadero el hecho de que dejáramos de comer carnes.

“Las vacas son los mayores emisores. Bichos en su sistema digestivo producen metano y la deforestación para que pasten suelta dióxido de carbono. Estos gases calientan el planeta. Si las vacas fueran un país, serían el tercer emisor de gases de efecto invernadero”, dice Springmann.

Motivado por lo anterior y además por el deseo de querer eliminar la sangre del proceso, Korteweg, con la típica mente innovadora de los holandeses, montó una operación que fabrica carne a base de plantas. “A todos nos encanta el sabor de la carne por eso me propuse desarrollar esa misma experiencia, pero sin el animal”. Su carne está hecha a base de soya, lupín, trigo y arveja, ente otras plantas y legumbres. “Tiene el sabor y la textura de la carne y no hay sangre en el piso”, dice Kortweg quien desarrolla desde hace 11 años este producto, ya vende a 17 países y tiene ventas anuales de 20 millones de euros.

Hace poco me comí unas Impossible Burger de Impossible Foods y sabe idéntico a la de cualquier hamburguesería a base de carne bovina. En Colombia ya encontramos Beyond Meats y también Pietran y Nestlé tienen sus marcas propias de carne a base de plantas. Así que aquí también vamos teniendo más alternativas para dejar de comer cadáver y contribuir a reducir el calentamiento global.

Además tengo que agregar que para mí existe otro aliciente para hacerlo: en Colombia hay cientos de municipios en donde se sacrifican bovinos en la clandestinidad, sin cumplir con requisitos sanitarios y de inocuidad. Es decir, que podemos sumarle a las otras razones para dar el cambio el hecho de que está en entredicho la trazabilidad de mucha de la carne que servimos a la mesa para nuestras familias.

Razones de sobra hay entonces para dejar de comer cadáver. ¿Ustedes qué harán?

Imagen: https://bit.ly/2GYawoh

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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