Colombia y el Pacífico

Colombia tiene más de 1.200 kilómetros de costa sobre el océano Pacífico, epicentro de la economía mundial en la actualidad. El ámbito de su cuenca incluye a EE.UU., China y Japón, los tres países con mayor producto interno bruto, y otros, como Corea del Sur, Canadá, Australia y Rusia, de importancia por diversas razones. Llama la atención la escasa vinculación de Colombia al Pacífico: solo tiene una ciudad de importancia, Buenaventura, con una población del orden de medio millón de personas, y cuyas necesidades básicas insatisfechas son del orden de 35%, altísimas pero muy inferiores a las del resto de la región. La población del resto de la costa es del orden de un millón de personas repartidas entre Chocó, Cauca y Nariño, y las áreas rurales del municipio de Buenaventura. Si bien Buenaventura tiene importancia como puerto, no tiene producción industrial, su sector financiero es de escaso relieve, su infraestructura urbana es inadecuada, su nivel de escolaridad es bajo y el nivel académico de sus universidades es modesto. La segunda ciudad de la región es Tumaco, cuya población es del orden de 200.000 personas y parte de cuyo territorio tiene vocación agrícola. Hay pequeños cascos urbanos sobre el mar, como Guapi, Cauca, y Bahía Solano, Chocó, y asentamientos sobre el río San Juan y sus afluentes, como Istmina, Tadó, Condoto y Nóvita.

El clima de la región es hostil: la precipitación pluvial es muy elevada, del orden de 8.000 milímetros al año en algunos puntos, la humedad es asfixiante y el suelo es pobre en el grueso del territorio, ocupado por una densísima selva, rica en biodiversidad pero frágil. La malaria es endémica y la coca y su tráfico campean. El único puerto natural protegido y con perspectivas interesantes es Buenaventura, pero los gobiernos nacionales no han impulsado su desarrollo como ciudad. Hay una minoría indoamericana Embera en Chocó, pero la etnia prevalente es afrocolombiana, reflejo de antecedentes históricos: esclavos fugados del interior se refugiaron en zonas de difícil acceso y construyeron una rica cultura. Cualquier estrategia de cambio debe convertir Buenaventura en polo de atracción; la tarea incluye hacer efectivo el control de la ciudad por el Estado y combatir la corrupción y el narcotráfico, mejorar la infraestructura básica y los servicios domiciliarios esenciales, elevar el nivel educativo, impulsar la lengua inglesa y el mandarín, pero también robustecer el legado cultural. Hacer de la ciudad lo que debería ser, la ciudad más rica de Colombia y vínculo del país con la cuenca pacífica, requiere promover inversión extranjera directa.

Es obvia la posibilidad de atraer capital chino, bajo la premisa de que ese país nunca tendrá tratado preferencial bilateral con EE.UU. mientras esté en manos de un régimen totalitario. El TLC entre EE.UU. y Colombia permite transformar y reexportar bienes semiprocesados con solo 35% de valor agregado nacional. El bajo nivel de ingreso prevalente en la ciudad permitiría flexibilidad laboral bajo las normas de la Organización Mundial de Comercio. La inversión traería trabajadores inmigrantes, cuya demanda por bienes y servicios crearía nuevas oportunidades. En contraste, la propuesta de la Cámara de Comercio de Manizales hace más de 20 años – hacer un puerto alterno en Tribugá – tendría efectos ambientales nefastos en el Valle del Río San Juan y la Serranía del Baudó.

 

Columna recuperada del periódico La República
Foto por: Pixabay

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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