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¡Colapsó este esquema clientelista! – Entrevista a Óscar Gamboa

Óscar Gamboa es el asesor del posconflicto del alcalde de Cali. También asesora al Alto Consejero para el Posconflicto de la presidencia, Rafael Pardo Rueda. En las pasadas elecciones del plebiscito por la paz, lideró una campaña ciudadana a favor del SI por las comunas de Cali. Conversamos con él sobre su lectura de esa campaña y su interpretación sobre lo que desencadenó la victoria del NO, el estado de la renegociación con los promotores del NO y lo que evidenció en términos de participación ciudadana este acontecimiento político.

¿Cuánto le duró la “plebitusa”?  

Es al pueblo colombiano al que se le aplaza la aspiración de la paz. Porque lamentablemente el triunfo del No, que hay respetarlo porque estamos en una democracia, no cabe duda que enredo los tiempos. Y esa tusa, siempre estará vigente hasta cuando se llegue  a un acuerdo definitivo para finalizar el proceso de paz.

¿Cómo va el acuerdo nacional con los promotores del NO? ¿Cómo ve esa renegociación entre el gobierno y los líderes que hicieron campaña contra los acuerdos? 

Me parece que el presidente Santos está haciendo lo correcto porque el veredicto de las urnas así lo demanda, así lo impone. Pero indudablemente, alcanzar la paz está por encima de cualquier evento político. Respetando, reitero, el veredicto de las urnas. Porque lo que se consagró en ese acto democrático no fue un “no a la paz”, sino un “no nos gusta lo acordado”, los textos. Y esto es lo que se está tratando de corregir. De manera que me parece que el presidente y el equipo de gobierno lo están haciendo bien.

Además destaco que los sectores del NO tienen disposición, han asumido un rol constructivo, pero espero que ojalá esa disposición se traduzca en celeridad para que más temprano que tarde avancemos en la reconstrucción de la nueva Colombia, una Colombia en paz.

¿Cree que el gobierno ha dividido o  fragmentado a  los voceros del NO? ¿Qué tan efectivo es hacerlo? 

El presidente en ningún momento ha estado trabajando, a mi juicio, por fragmentar el NO. Lo que pasa es que sobre el NO confluyeron diferentes expresiones de la sociedad: el Centro Democrático, los cristianos, algunos empresarios, líderes independientes como Jaime Castro, entre otros. De manera que lo que el presidente está haciendo es hablar con los sectores que lideraron el NO, porque me parecería injusto que solo se conversara con el Centro Democrático, puesto que eso sería reconocer que toda esa votación le pertenece al Centro Democrático y hasta los líderes de ese partido saben que esto no es así. Por eso en lugar de pensar o percibir que el presidente está fragmentándolos, lo que el presidente está haciendo es conversando con los diferentes sectores que apoyaron el NO desde sus propias dinámicas.

¿Cuándo tendremos un nuevo Acuerdo Final?   

Pues esa es la pregunta del millón. O mejor, esa es la respuesta del millón que estamos esperando. Del millón de esperanzas, de los millones de víctimas, de los cientos de miles de muertos y desaparecidos. De manera que ojalá esto sea mañana, antes de que cante el gallo. Pero entendemos que esto se tomará sus tiempos. Al menos fijémonos el plazo de la esperanza, que en navidad y año nuevo, el niño Dios nos traiga el regalo de la paz.

En Cali, el rechazo a los acuerdos fue particularmente fuerte en las comunas con altos índices de pobreza y en el Valle el rechazo fue superior en los municipios del Norte, ¿cómo interpreta esos resultados? ¿Por qué esa marcada diferencia entre sur y norte y entre ricos y pobres en los resultados del plebiscito? 

En el caso de Cali, es curioso que en algunas comunas donde hay una expresión étnica y social, que ha sido victimizada por las externalidades de la guerra, uno podría pensar que lo normal era que ganara el SI. Pero yo también creo que en esos entornos urbanos hubo más confusión, hubo desinformación y faltó pedagogía. Son sectores que a mi juicio pueden ser más vulnerables a esa desinformación que además, el mismo gerente de la campaña del NO, reconoció que habían dicho algunas mentiras. Y obviamente estos sectores captan directamente esas mentiras y desinformaciones. En parte me parece que por ahí fue la cosa.

Por otro lado, no nos digamos mentiras, la dirigencia política no movió la gente, no se metieron a hacer el trabajo. Aquí esto le cabe a todos los partidos y a todos los dirigentes. Faltó más músculo. Faltó una campaña más robusta en las comunas. Yo creo que el factor confianza fue la sombrilla que arropó esta dinámica y por eso no pasó absolutamente nada.

Ahora, desde el punto de vista nacional, el mapa electoral del plebiscito es claro. Lo que yo veo es que el país del centro, el país que arrastra el viejo Caldas, el eje cafetero en general, el gran Antioquia y la frontera que está pegada a Venezuela se plegaron por el No. En la frontera, yo hasta los entiendo, porque allá el famoso castrochavismo se siente hasta en las paredes de la casa. Ese fantasma que crearon algunos de los promotores del NO, pues asustó a esa gente que dijeron que ni por el diablo votaban por el SI, lo que al final se reflejó claramente en las urnas.

A mí me entristece porque me parece que se mandó un pésimo mensaje al país que ha sufrido la guerra: el país de las costas, el país de los negros, el país de los indígenas. Es como si el país del centro dijera: “esa guerra no es nuestra, esa guerra es de ustedes, síganse matando, pero nosotros acá en las ciudades no vamos a aceptar esa paz, ese nuevo país. Ese país no es el nuestro”. De verdad, este análisis lo hago lleno de esa mezcla, ese menú de indignación, tristeza e impotencia.

Ojalá en un próximo momento, el país nacional todo, entienda y dimensione lo que es la barbarie de la guerra y lo que trae la paz como beneficio para que todos construyamos, o reconstruyamos, la Colombia que tanto amamos.

¿Qué viene para Cali y la región pacífico en este interludio? ¿Cómo siguen las políticas de posconflicto ante la incertidumbre política a nivel de paz?  

Lo que viene para Cali, el Pacífico y para el suroccidente colombiano inmerso en la guerra, dependerá de nosotros, de qué actores van a asumir el liderazgo en el posconflicto. Porque el país, la región y la ciudad en esta etapa demandan gobernantes sintonizados con las realidades del nuevo país, con la necesidad de trabajar por una sociedad menos desigual, para que realmente el desarrollo llegue a todo el mundo, para que enfrentemos, de una vez por todas, esa guerrilla perversa que se llama corrupción. Porque esa es la guerrilla que debemos derrotar todos pero con vigor, carácter. Este objetivo también requiere un sistema judicial diferente, que es de la égida nacional pero que también hay que presionar desde las regiones, para que el país reinvente ese aparato judicial, ese esquema de justicia al cual los delincuentes y los corruptos no le tienen el menor miedo. Aquí parafraseo al profesor Mockus y su juego de la pirinola: lo que pase en Cali dependerá de que todos pongamos, aquí es de “todos ponen”: los empresarios, los gobernantes, la academia y la sociedad civil. Que todos nos sintonicemos, con lo que debemos sintonizarnos, y eso implica también que dialoguemos, que conversemos, que pongamos sobre la mesa la sociedad soñada, para que trabajemos conjuntamente en el camino hacia unos objetivos comunes, pero sobre todo hacia la paz, que es el mejor legado para las próximas generaciones, nuestros hijos, nuestros nietos, porque ahí está involucrado todo lo que a futuro va a enfrentar este país.

Existe un agotamiento de nuestra democracia representativa. El ciudadano cree poco en el político profesional y la representación política está capturada por redes políticas que promueven el clientelismo y la corrupción. Hay un embotamiento y crisis de la participación política para el ciudadano independiente. Usted ha sido un crítico de esta decandencia del sistema político y ha dicho que “hay que reinventar lo reinventable”. ¿Qué nos falta inventarnos para fortalecer la ciudadanía? ¿Cómo romper esas barreras que limitan la auténtica participación de los ciudadanos? 

No hay duda que el resultado del plebiscito el pasado 2 de octubre desnudó una profunda crisis en los partidos políticos y yo diría que en todo nuestro sistema político y electoral. Porque realmente es desconcertante la poca capacidad de convocatoria por fuera de los instrumentos que potencian caudales electorales; como el día 2 de octubre no hubo lechona, no hubo trago, no hubo plata, entonces no hubo votos. ¡63% de abstención en una de nuestras elecciones más importantes de nuestra historia dice mucho!

La falta de capacidad de convocatoria de los partidos políticos dice mucho, eso se reflejó, desde luego, en las precarias votaciones y en lo inexplicable de una derrota del SI cuando los partidos mayoritarios, más la izquierda, más los progresistas, estaban los verdes, más todo el aparato de poder regional, local y nacional fueron derrotados. Entonces uno se pregunta ¿dónde está la gente? ¿Dónde están los votos? ¡Colapsó este esquema clientelista! este esquema de padrinazgos y, definitivamente, aquí caímos en círculo vicioso donde “yo voto si me das y yo te doy si votas”. ¡Y sinceramente yo no sé por dónde se va a romper eso! Porque la gente no salió a votar porque no le dieron el transporte, porque no le dieron comida, bebidas, etc. etc. Y en el caso del politiquero, que contribuyó con este status quo vergonzante, este tampoco dio nada porque no era él quien se estaba eligiendo y porque esperaba simplemente que, a punta de deseos y desde la distancia explicar por qué votar por el SI y no hacerlo por el NO, la gente iba salir, cuando ellos mismos malacostumbraron a los votantes, los “malenseñaron”.

Definitivamente esto impone una revisión de nuestro esquema electoral para poder fortalecer nuestra democracia. Si eso no se corrige, esto va a seguir rampante por nuestra historia y no va a cambiar y por eso se seguirán eligiendo los que tienen la capacidad económica de darles dádivas a los votantes o comprar su voto y los ciudadanos seguirán padeciendo el país que no desean, pero que con su actitud promueven de una forma vergonzosa.

 

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