Claves para entender Medio Oriente

Hablar de una región como Medio Oriente siempre ha sido complejo por la cantidad de aristas y mitos que hay alrededor de los escenarios de conflicto y por la enmarañada red de intereses geopolíticos que están presentes. Por eso, mi propósito de la semana es señalar algunas claves que, en general, nos servirán para entender la situación de los países y nos brindarán luces sobre sus confrontaciones armadas.

Podemos hablar de tres grandes puntos de inflexión que están presentes en la región y que determinan el comportamiento de los Estados, al igual que guían las acciones de potencias con intereses específicos en el territorio:

  1. La herencia colonial y la composición de los nuevos países en el Siglo XX
  2. La pugna por el liderazgo regional
  3. La causa palestina

El primer punto hace referencia a la manera como la región fue “inventada” por las potencias coloniales, específicamente Francia y Gran Bretaña, posterior a la disolución del Imperio Otomano, las cuales trazaron unas fronteras previamente inexistentes, dividendo grupos poblacionales de manera arbitraria bajo administraciones con las que poco se identificaban.

Lo anterior resultaba funcional en la etapa colonial, pues era relativamente sencillo favorecer a determinado grupo poblacional (fuese por etnia o culto religioso) para mantener una estabilidad política y económica en el territorio.

No obstante, después de los procesos de descolonización, las potencias coloniales se desentendieron de los monstruos que habían creado y permitieron el posicionamiento de gobiernos totalitarios en territorios altamente heterogéneos en materia cultural y religiosa. Naturalmente, las pugnas por el control político dieron paso a una sucesión de guerras civiles, al aumento de la opresión estatal y al posicionamiento de instituciones poco democráticas en dichos Estados, lo que explica en gran medida los diferentes sistemas de exclusión política y el sometimiento de los grupos minoritarios.

Estos procesos de exclusión política agravaron la histórica enemistad entre los dos sectores religiosos más importantes del islam: el chiismo y el sunismo. Ambos abanderados actualmente por dos potencias que reclaman el control regional de Oriente Medio: Irán (chiita) y Arabia Saudí (sunita).

La instrumentalización del discurso de opresión por parte de ambos bandos ha legitimado una serie de guerras satélites (algunas vigentes y otras ya resueltas) en sus diferentes zonas de influencia política, conformando lo que algunos académicos han llamado “la Guerra Fría de Oriente Medio”.

Tal es el caso de Siria e Irak, ambos gobiernos de corte chií, en donde Arabia Saudí ha financiado grupos armados sunitas para virar la afinidad ideológica del gobierno y debilitar la zona de influencia iraní. Por su parte, Irán ha hecho lo propio en países como Yemen y Bahréin, financiando guerrillas chiíes y zaidíes, en un intento por aumentar su esfera de influencia en la región.

Bajo este marco de “Guerra Fría” no solo se pueden leer conflictos armados como el de Siria y Yemen, sino también las continuas guerras civiles del Líbano y la difícil recuperación de Irak y Afganistán después de la ocupación armada de Estados Unidos.

También nos permite entender la lógica detrás de potencias internacionales como Estados Unidos, que pretende luchar contra el “terrorismo islámico”, pero que apoya fervientemente a su aliado, Arabia Saudí, en su disputa territorial con Irán, aunque eso implique financiar, en ocasiones, grupos fundamentalistas que posteriormente se les salen de control, como el Estado Islámico.

De hecho, una nota curiosa y paradójica: la mayoría de los grupos fundamentalistas que ahora aterrorizan a las potencias occidentales pueden ser rastreados a las escuelas y mezquitas wahabitas, financiadas por Arabia Saudí, en su intento de propagar una visión bastante estricta del islam (ejemplo de ello son los grupos Boko Haram, Estado Islámico, Los Talibán y Al-Shabaab).

Finalmente, ningún análisis de Medio Oriente estaría completo sin considerar las implicaciones de la Ocupación de Palestina por parte de Israel y lo que la “causa palestina” suscita en el mundo árabe y musulmán.

La causa palestina es, ante todo, la reivindicación del derecho de libre determinación del pueblo palestino y el deseo por conformar su propio Estado soberano e independiente, sin la injerencia política y militar de Israel.

En principio, la cuestión palestina se configura como una causa común árabe, no obstante, aunque los grupos palestinos son mayoritariamente sunitas, la misma dinámica geopolítica que sitúa a Arabia Saudí como aliado de Estados Unidos le impide apoyar directamente a los grupos armados que operan en la Franja de Gaza y, en menor medida, en Cisjordania. Ello ha permitido que Irán amplíe su zona de influencia al situarse como uno de los principales soportes de grupos independentistas (como Hamás) más allá de la brecha ideológica y religiosa que les separa.

Lo interesante de la situación es que también se ha documentado el apoyo de países del bloque sunita de Arabia Saudí a grupos armados independistas palestinos, lo que pone a Estados Unidos en una situación bastante peligrosa en materia diplomática: tener que maniobrar de manera constante las animadversiones entre sus grandes aliados regionales.

Recapitulando, hay una serie de eventos y puntos de inflexión que nos permiten entender la región desde una visión más amplia y compleja: Primero la responsabilidad de las potencias coloniales europeas en la creación de unos Estados deformes que no guardaban relación con los grupos poblacionales presentes en el territorio, y que terminaron desencadenando una serie de guerras civiles que incubaron regímenes totalitarios. Segundo, la disputa por el liderazgo regional y el rol ejercido por Irán y Arabia Saudí en las actuales guerras civiles de Oriente Medio. Finalmente, la solidaridad del mundo árabe y del mundo musulmán con la causa palestina y la difícil situación diplomática a la que se enfrenta Estados Unidos en su carrera por el control geopolítico de Medio Oriente.

Imagen: https://bit.ly/2IGeljN

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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