Ciudades amuralladas

En la antigüedad las ciudades construían murallas para protegerse del enemigo externo, se identificaba el enemigo en el afuera, el que estaba más allá de las murallas. Con los avances tecnológicos en materia militar estas se hicieron obsoletas, resultaban inútiles para detener las balas de los cañones cada vez más potentes. Además, el rápido crecimiento de las ciudades en la modernidad, hacía imposible su contención al interior de estas murallas. Así, poco a poco fueron desapareciendo las ciudades amuralladas.

A pesar de esto las barreras para separar y marcar las zonas seguras de lo conocido, no han desaparecido en nuestras ciudades. Por el contrario, parece haber una proliferación de estas.

Recuerdo que en mi infancia, la mayoría vivíamos en casas de barrio, donde la cuadra era un espacio importantísimo de socialización. Nadie se preocupaba demasiado por la  ausencia de rejas, cercas electrificadas o guardas de seguridad armados y dotados de sofisticados equipos de monitoreo.

En estos barrios los niños salíamos a la calle hasta bien entrada la noche a jugar con los amigos de la cuadra. La seguridad, que si importaba, no era el tema prioritario. No nos sentíamos en una constante situación de inseguridad.

Por el contrario hoy, cada vez más,  vivimos en unidades residenciales con vigilancia armada, cercas eléctricas y sistemas de monitoreo. Hemos creado una ciudad que en su interior se encuentra llena de pequeños centros amurallados, que buscan protegerse del exterior que vemos como peligroso e inseguro. Los centros comerciales también son una muestra de esto. Pequeños campos de concentración que nos aíslan y mantienen seguros en su interior, impidiendo la construcción de lo público.

Esta ciudad tiene un problema fundamental: el peligro y la inseguridad empiezan a ser ubicados en lo que otrora fuera el espacio público, el de todos. La calle, el andén, el parque, entre otros espacios son ahora ese exterior peligroso donde habita el enemigo que nos puede hacer daño.

Así, la ciudad crece de espaldas a sí misma, su desarrollo no se fundamenta en la creación de solidaridades entre vecinos que buscan vivir en comunidad. Al revés, tenemos una ciudad que gira en torno a la desconfianza del otro.

Una ciudad cuyo principal objetivo pasa a ser la seguridad y no la solidaridad, es cada vez más insegura. No nos damos cuenta que entre más seguridad buscamos, más seguridad necesitamos y por lo tanto más inseguros vivimos.

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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