China en el mundo de hoy

China está sometida a régimen totalitario, gobernada por el Partido Comunista, cuyos 80 millones de miembros tienen control sobre el resto de la población, que suma 1300 millones. Desde 1978 permite la propiedad privada, en proceso de crecimiento económico sostenido a tasas muy importantes, que ha facilitado el traslado de una proporción importante de la población del campo a la ciudad; hoy la mitad es urbana, y la clase media, de cerca de 400 millones de personas tiene demandas crecientes de bienes y servicios.

El partido no tolera diferencias de opinión, ni divergencias en política frente a los lineamientos que emite una cúpula, pero ha acogido los planteamientos del pensador Confucio, quien vivió hace más de veinticinco siglos, como regla de conducta en años recientes, con énfasis en los principios de obediencia, lealtad y jerarquía, como medio para legitimar el esquema político establecido. Parte integral de la estrategia de desarrollo ha sido la industrialización, para lo cual se ha sometido a las clases trabajadoras a restricciones inhumanas en jornadas muy extensas y sin espacio para la vida familiar y la recreación. Estrategias con orientación a la exportación han producido enormes superávits de balanza comercial, parte de los cuales se ha invertido en un portafolio diverso, que incluye grandes montos de títulos de deuda emitidos por el Tesoro de Estados Unidos y, en general, toda clase de instrumentos.

Sobresale derecho de propiedad sobre inmensas extensiones de tierra con potencial agrícola o minero en África. El gobierno de China además ha invertido en mejoramiento de vías e infraestructura en general, para beneficio de la competitividad del aparato productivo local. Empresas chinas de servicios han hecho esfuerzos para impulsar negocios en diversos subsectores de la economía, en muchos casos con conductas reprochables. En contraste, la inversión industrial de China en África es muy pequeña, y la ayuda humanitaria baja comparada con la de otros países. Como es natural, hay créditos, en su gran mayoría en condiciones comerciales. Ha habido mucha cábala sobre el alcance político de la estrategia china en África, pero el análisis ordenado de los hechos llevaría a concluir que no hay propósitos ulteriores de dominio sino interés de negocios en condiciones ventajosas.

Los excedentes resultantes de estrategias exportadoras también se perciben en Latinoamérica, sobre todo en transporte e infraestructura, lo cual es apenas natural, pues solo los superávits comerciales pueden ser del orden de 300 mil millones de dólares anuales en las circunstancias actuales, y los de cuenta corriente, que incluyen servicios y transferencias, pueden sumar otros 100 mil millones. El gobierno evita la inflación y el robustecimiento de la moneda, con la resultante pérdida de competitividad, a través de mecanismos para administrar recursos fuera de la economía china, y generar empleo para la población china en diversas actividades fuera de su país. Sin embargo, hay serias brechas culturales entre Occidente y China. La diferencia en respeto por derechos fundamentales es irreconciliable mientras el partido comunista mantenga la calidad de partido único a través de la represión, ejemplificada en la matanza de Tiananmen en 1989.

Hong Kong es una ciudad muy próspera. Fue el principal punto de articulación entre China y el resto del mundo desde 1949, cuando la revolución liderada por Mao Tse Dong derrotó al Partido Nacionalista del  Presidente Chiang Kai Chek y lo obligó a refugiarse en la isla de Taiwan, hasta que Deng Tsiao Ping abrió el espacio a la economía de mercado en 1978. Los ingleses la devolvieron a China en 1997 con el compromiso del gobierno receptor de respetar el sistema político cuasi democrático vigente en el pequeño territorio. Desde entonces ha habido múltiples envites del gobierno por establecer mecanismos represivos para las manifestaciones de disenso, pero la población se ha resistido en forma expresa. La situación se puede volver muy agria.

La población total, de 1400 millones de personas, es la mayor del mundo, pero el crecimiento es muy modesto, no solo por las medidas de control de crecimiento impuestas por el partido comunista, sino por el cambio en valores familiares, similar al prevalente en casi todo el resto del mundo. El papel de China seguirá en aumento mientras su economía, la segunda mayor, muy por encima de la de Japón, que es la tercera, crezca en forma sostenida, así sea a tasas menores. En algún momento el conflicto de valores entre regímenes democráticos y totalitarios podría inducir crisis en la relación entre los principales protagonistas de la economía y la sociedad globales. Si eso ocurriera, podría facilitar el tránsito a sistema político más libre en China, con resultados positivos para sus habitantes y el resto del planeta.

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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