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SOBRE CATAR Y LA GUERRA FRÍA EN ORIENTE MEDIO

El bloqueo impuesto por Arabia Saudí a Qatar reviste de una gran importancia geopolítica y pone en vilo los intereses de grandes potencias regionales e internacionales, tanto por su componente económico, como por el sistema de alianzas en Oriente Medio y la estabilidad regional del Golfo Pérsico.

En primera medida necesitamos analizar el sistema de alianzas que funciona en Oriente Medio y la tensión existente entre dos grandes potencias regionales (Arabia Saudí e Irán). La Corona Saudí, autoproclamada como la guardiana, defensora y promotora de la corriente islámica sunita, generó un bloque regional llamado el Consejo de Cooperación para los Estados Árabes del Golfo (CCEAG), el cual incluye a sus vecinos: Baréin, Catar[1], Emiratos Árabes Unidos, Omán y Kuwait.

En 1984, el CCEAG crea un brazo militar denominado el Escudo de la Península, que tiene por objetivo defender a los miembros de eventuales escenarios de desestabilización regional e intervenir en territorios estratégicos (como la actual intervención en Yemen).

Por su parte, Irán ha consolidado su poder regional mediante un sistema de alianzas con los gobiernos chiitas de Siria, Irak, Líbano y, actualmente, interviniendo a favor de las milicias hutíes en Yemen (que combaten al régimen apoyado por el CCEAG) y de las mayorías chiíes en Baréin (dominados por una monarquía suní).

Se le ha llamado la Guerra Fría de Oriente Medio porque el escenario de la confrontación son los países satélite en donde ambos bloques pretenden ganar mayor influencia.

Por mucho tiempo se pretendió estudiar la composición de esta región en razón de la hegemonía de Arabia Saudí e Irán, pues otros actores regionales como Turquía estaban ocupados en sus propias agendas de política exterior. Pero, aunque parecía que los bloques ideológicos estaban lo suficientemente consolidados, potencias emergentes como Catar empezaron a disputar el liderato dentro del bloque suní.

La tensión entre la Casa de Saúd y Catar, aunque con raíces históricas, está fuertemente ligada a la ola de protestas y cambios de regímenes en los países árabes de Norte de África y Oriente Medio durante 2010-2013 (Primavera Árabe).

Las transiciones de poder en Túnez y Egipto generaron una disputa entre ambas monarquías por intentar posicionar nuevos gobiernos que fuesen afines a sus intereses de política exterior. El apoyo de Catar a los Hermanos Musulmanes Egipcios fue recibido con recelo en Arabia Saudí, los cuales respondieron con la financiación de grupos zalafistas, de cara a las elecciones de 2012. Después de la victoria de los Hermanos Musulmanes en Egipto, fue la Casa de Saúd uno de los principales instigadores del Golpe de Estado de 2014.

Catar también emprendió un ejercicio de influencia mediática valiéndose de su red de noticias Al-Jazeera, la cual tiene una enorme influencia en los países árabes e islámicos. Esta no ha dudado en dejar en evidencia los problemas de Derechos Humanos de la Corona Saudí, su influencia en regímenes autocráticos del Norte de África y Medio Oriente y, especialmente, la conexión de los saudíes con los grupos extremistas wahabitas que originaron al llamado Estado Islámico.

En contraposición, Arabia Saudí alineó a las fuerzas del CCEAG y a Egipto en contra de Catar y los denunció de ser un Estado promotor del terrorismo, enunciado que fue ampliamente aceptado por regímenes que se han visto amenazados por la creciente influencia de los Hermanos Musulmanes en la región.

Mientras todo lo anterior ocurre, Catar ha recibido amables declaraciones de los otros actores regionales relevantes (específicamente Turquía e Irán), los cuales no dudarán un segundo en aprovechar el momento de inestabilidad que sufre el bloque sunita.

Por su parte, Estados Unidos está condenado a observar como sus aliados regionales más importante (Catar y Arabia Saudí) ponen en riesgo sus aspiraciones de controlar la expansión de la influencia rusa en la región, todo por estar enfrascados en una carrera por el liderato.

[1] Actualmente pretenden excluir a Catar del CCEAG por presunta financiación del territorismo

  * Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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