SOBRE CATAR Y EL DISCURSO DEL TERRORISMO

Transcurrido el primer mes del bloqueo comercial y diplomático a Catar, por una presunta financiación de grupos terroristas, vale la pena indagar qué estamos entendiendo por terrorismo y cómo se ha instrumentalizado el discurso del terror en este caso particular.

El bloque liderado por Arabia Saudí, tal como fue expresado en mi anterior columna: “Sobre Catar y la Guerra Fría en Oriente Medio”, parece determinado a continuar con el bloqueo a menos que Catar cumpla con una serie de exigencias que lo alineen nuevamente con las políticas regionales del CCEAG[1]. Destacan, naturalmente, las acusaciones sobre la financiación de grupos terroristas, lo cual alineó en un primer momento a países como Estados Unidos a favor del bloque Saudí, y otras más polémicas, como la exigencia de desmantelar la red de noticias Al-Jazeera o retirar la base militar turca ubicada en territorio catarí.

El bloqueo ha sido interpretado, entonces, como un castigo político a un país que se estaba distanciando ideológica y diplomáticamente del bloque del CCEAG, el cual había asumido una postura más amigable con otras potencias regionales como Turquía o Irán.

Entonces, si el bloqueo no se fundamenta en la financiación de grupos terroristas y parece tener causas de índole político y diplomático, ¿Por qué se sigue sosteniendo y no hay una respuesta más contundente de la comunidad internacional?

La respuesta sencilla sería que Arabia Saudí y el CCEAG son esenciales para mantener la estabilidad en el Golfo Pérsico y para mantener controlados a otros adversarios con intereses en la región. Lo anterior impide que Estados Unidos y Turquía actúen con mayor contundencia o exijan el cese inmediato del bloqueo.

Además, las acusaciones sobre financiación del terrorismo han calado profundo en la opinión pública y, siendo un bloque de Estados los que parecen estar dispuestos a sostener dicha afirmación, no resulta sencillo apoyar directamente al país acusado.

Lo paradójico del asunto es que Arabia Saudí ha sido señalado, en numerosas ocasiones, de apoyar grupos radicales que eventualmente terminan siendo focos de grupos terroristas. Desde las mezquitas wahabitas, financiadas por la corona saudí, se presume que se han radicalizado grupos fundamentalistas como el Estado Islámico de Irak y Siria (ISIS) y muchas de sus filiales en el mundo.

Por el contrario, los Hermanos Musulmanes, que han sido ampliamente perseguidos por su proyecto de nación que busca la instauración de la ley islámica en la política, han priorizado las vías democráticas en la consecución de sus ideales en lugar de recurrir a la violencia armada indiscriminada contra civiles. Este grupo, que ha sido el eje del problema por haber recibido apoyo político y financiero de Catar en varias campañas electorales de Medio Oriente y Norte de África, escasamente puede ser relacionado con los niveles de violencia armada que caracteriza a ISIS o a otros grupos armados fundamentalistas.

Entonces, ¿Por qué se les sataniza como grupo terrorista?

Porque el terrorismo se ha vuelto un discurso sumamente útil para manipular a la opinión pública y para justificar, en este caso, la exclusión política de un actor con alta popularidad.

Recordemos pues que Los Hermanos Musulmanes fueron dados de baja en Egipto tras el Golpe de Estado del actual presidente egipcio Abdulfatah Al-Sisi en el año 2014, y en otros países como Siria fueron perseguidos por regímenes totalitarios que veían con preocupación su creciente popularidad.

Tampoco les tienen mucho cariño en Israel, donde han sido vinculados con el Grupo Hamás, el cual sostiene una guerra abierta contra el Estado judío por el control y la independencia de la Franja de Gaza.

Los Estados aprendieron a abusar del epíteto “terrorista” para justificar la persecución de grupos opositores, para deshumanizar adversarios políticos y militares e, incluso, para agilizar trámites de política pública nacional. La perpetua sensación de miedo que vive la sociedad ha sido aprovechada por los tomadores de decisión; es necesario desprendernos de ella.

 

  * Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

** Imagen extraída de London Loves Business. Disponible en Link

 

Referencias

[1] Consejo de Cooperación para los Estados Árabes del Golfo (CCEAG)

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

Deja un Comentario