Capital, trabajo, pensiones

El ingreso de un país es la suma de sus consumos, sus inversiones y sus gastos de gobierno. Las inversiones son la suma de los recursos asignados a aumentar la capacidad productiva en el futuro. En la economía clásica la productividad se entendía como la relación entre los recursos comprometidos en el trabajo y el capital, y el aumento en el ingreso. Sin embargo, las mediciones del siglo veinte llevaron a concluir que la forma concreta de combinarse los factores es determinante en la variación del ingreso, y que en la combinación inciden la tecnología y la gestión. Como consecuencia, obtener más producto con menos esfuerzo no consiste solo en sustituir el trabajo con máquinas: el reto es ordenar la sociedad para conciliar el potencial de las personas con las oportunidades que ofrece el conocimiento, sin destruir la posibilidad de crítica ni las decisiones de cambio de vocación individual.

La oferta de trabajo productivo y motivado atrae el capital. La tarea social es aprovechar las capacidades de las personas a lo largo de su vida sin anular su libertad. La posibilidad de cada quien para aportar a la economía será reflejo de aciertos vocacionales y educativos.

La fase formativa formal será cada día más extensa, y los procesos de renovación del conocimiento deben continuar hasta el cierre de la vida productiva individual, producto del deterioro del cuerpo por el paso de los años y el abuso, que acelera la degradación. Toda persona necesita protección frente a enfermedades, cobertura para las vicisitudes que afecten de manera transitoria o permanente sus ingresos, y respaldo financiero para vivir entre el final de la fase productiva y la muerte. Además de segregar parte de los ingresos para cubrir salud y pensiones, es indispensable la capacitación permanente para aumentar la probabilidad de ingresos futuros hasta terminar la vida laboral.

Por supuesto, también es deber moral de todo ciudadano cuidar el cuerpo como contraprestación por el derecho a participar en el universo de beneficiarios de la seguridad social. Sin embargo, en muchos países, y en particular en toda Latinoamérica, la informalidad laboral es muy grande, del orden de 50% de la población económicamente activa, en adición a desempleo formal elevado en la mayoría de los países, cercano hoy, en promedio, a 10%. Colombia, por supuesto no es excepción, con 48% de informalidad y 11% de desempleo.

Esto significa que el aumento en expectativa de vida, de poco más de 60 años hace medio siglo a cerca de 80 hoy, obliga a establecer malla protectora, así sea precaria, para la vejez de gran parte de la población, y aumentar la productividad de todos con el fin de reducir la informalidad y la dimensión del problema social que ella significa a largo plazo.

Paso importante es elevar la edad de jubilación e igualar la edad entre los géneros, como recomienda el DNP. Lo más importante sin embargo es aumentar la productividad del gasto público. Es esencial organizar el Estado de manera eficiente, para que el esfuerzo de hoy en educación, infraestructura y salud pública se refleje en productividad creciente en el futuro, hasta llegar a niveles de ingreso que permitan financiar la vejez con decoro. Atado a este proceso emergerá un mercado de capitales dinámico, con valorización de los fondos de pensiones durante la fase de crecimiento rápido sostenido. No hay alternativas.

Imagen: https://bit.ly/2Pvunjs

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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