Cali: una Administración compleja

Cali es compleja. Creció rápido, y de forma desordenada. Asimiló muchas patologías del narcotráfico. Requiere la mejor gestión, pero desde mediados de los 90 hasta hace seis años tuvo una sucesión de administraciones desafortunadas, cuya consecuencia fue la destrucción del aparato administrativo municipal.

La reconstrucción bajo Rodrigo Guerrero fue incompleta. Por esa razón sorprendió que Maurice Armitage, empresario de éxito, hubiera llevado a cabo una reforma administrativa que hace imposible lograr los resultados necesarios. Hoy el Alcalde tiene más de treinta subordinados directos, el doble de los que tenía antes de la reforma. Esto hace imposible lograr los resultados necesarios, porque no alcanza el tiempo del jefe para coordinar el trabajo de su equipo.

Los retos en seguridad, movilidad, servicios públicos y finanzas son angustiantes, y los avances precarios. La tasa de homicidios sigue siendo el doble de la nacional, y no hay presencia productiva de la policía en buena parte de la ciudad; es posible que los aportes del Municipio no sean suficientes, pero ello no justifica la evidente falta de estrategia.

Los problemas del sistema de transporte masivo no se resuelven solo con el aumento en el número de buses: es necesario dotar a Metrocali de la capacidad para programar según los requerimientos de la comunidad, verificar el cumplimiento de lo programado y participar de manera activa en la planificación de la ciudad a largo plazo.

Es decisivo asegurar el suministro de agua a largo plazo, prevenir inundaciones en Cali y en todo el Valle, y reducir las pérdidas en las redes de distribución de acueducto y energía para que Emcali sea sostenible y fuente de recursos para el Municipio.

En lo financiero, llama la atención que Barranquilla, con menos población y menos ingreso per cápita, tenga un presupuesto municipal similar al de Cali. Metrocali y Emcali requieren mejor gobierno corporativo, con juntas estables y empoderadas para nombrar y evaluar la gestión de la gerencia.

Lo más grave es la entronización de las prácticas clientelistas en la contratación de servicios profesionales en el Municipio. Esta costumbre, consolidada desde hace más de una década, es inaceptable: Cali merece lo mejor, y no lo va a obtener mientras el criterio de selección no sea transparente.

La ciudad paga por servicios que no recibe, para que las personas nombradas en el Concejo y algunas otras con aspiraciones políticas consoliden su base electoral, en contraprestación por la aprobación de acuerdos municipales. Jhon Maro Rodríguez demostró en su momento que no es necesario arrodillarse ante la politiquería y el clientelismo: las normas de nuestro país permiten operar sin aprobación presupuestal.

Es imperativo rescatar la ética en la contratación para que la ciudad salga adelante. Cali es la capital del Valle, y debe asumir papel importante en la tarea de vincular a Colombia con el Pacífico. Necesita organizarse en forma lógica y eficiente para cumplirlo. La noticia de que la vivienda es barata es indicio de que la ciudad no es próspera. Las jornadas de trabajo de dieciocho horas del Alcalde no son solución. ¿Habrá lectores en el CAM?

 

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

* Imagen extraída de: página oficial de la Alcaldía de Cali. Disponible en: http://www.cali.gov.co/

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

Deja un Comentario