Breve historia de la política local

«Los electores se acostumbraron a votar por el que va de primero, por el menos malo o en contra de

Dentro de las historias urbanas que todavía recordamos en Cali está la que se relaciona con los Juegos Panamericanos en la década del setenta y la apropiación que existía por parte de los caleños de una cultura ciudadana que era referente para todo el país.  Paradójicamente mientras se alcanzaba el punto más alto en términos de convivencia, respeto y sentido de pertenencia por la ciudad, paralelamente se gestaba una de las actividades que más daño le ha hecho al país y especialmente a Cali en los últimos cuarenta años: el narcotráfico.

El narcotráfico transformó la escala de valores de gran parte de la sociedad y desde un principio sentó a muchos de los actores políticos y empresariales en la misma mesa al lado de los más grandes capos de la región y el país. Las fiestas, el futbol y la inyección de grandes capitales en algunas compañías de la región hizo que muchos se hicieran los de la “vista gorda”. Quienes se opusieron a este nuevo grupo de poder y tuvieron el valor de denunciarlos ante las autoridades pagaron con su vida o el exilio el costo de no ser permisivos e indiferentes ante la ilegalidad.

En vista del auge económico que comenzó a vivir Cali, miles de personas de otros municipios y departamentos en los cuales escaseaban las oportunidades laborales y donde la institucionalidad brillaba por su ausencia decidieron migrar a Cali. Así siguieron aumentando los cinturones de miseria en el oriente y la zona de ladera. El auge de la construcción y la posibilidad de obtener dinero fácil era un atractivo que no tenía competencia alguna. Se fue gestando una “cultura traqueta” que permeo por completo a la política y a gran parte de la sociedad. Lo importante era “comer callado”.

Sumado a lo anterior, finalizando la década de los años ochenta surgió la elección popular de alcaldes dentro de la estrategia de descentralización del Estado. Noble propósito en medio de procesos electorales transaccionales: el puesto, la teja, el ladrillo, el tamal y el bulto de cemento para los votantes y los contratos y las obras públicas para los contratistas que financian las campañas. La educación, la salud, las obras de infraestructura y las regalías se convirtieron en el botín más preciado.

Para completar el paisaje, durante la década de los noventa se presentó el Proceso 8.000 en el cual se evidenció -por fin- la forma en que el narcotráfico patrocinaba las campañas electorales, compraba a los políticos e influía en las decisiones que se tomaban en la rama legislativa del poder.

Así, hemos llegado a un punto en el cual hay dos temas estratégicos para los candidatos en épocas de elecciones: la financiación de las campañas y los votos amarrados.  Para que esto funcione sin mayores problemas se tienen cooptadas la Registraduría y los órganos de control y vigilancia como las personerías y las contralorías a nivel municipal. Mientras los personeros y contralores sean elegidos por los concejales no va a existir ningún tipo de garantía a la hora de ejercer sus funciones de manera transparente y eficiente y en muchas ocasiones estas instituciones les sirven a los concejales para extorsionar al Ejecutivo pues no solo de puestos viven los concejales.

Y hablando de puestos, las nominas paralelas en las Administraciones locales son un insumo para aceitar las maquinarias pues muchos contratistas deben hacer un aporte “voluntario” a su jefe político con el fin de mantener la organización política.

Los políticos se aprovechan de la necesidad de sus electores de tener un “puesto” y estos ya aprendieron a moverse en tierras movedizas donde la incertidumbre reina. El fin justifica los medios en un entorno de unas minorías que tienen al erario como su gran botín puesto que no les interesa el bienestar colectivo.

Lo más deplorable de esta situación es que los problemas no se solucionan, sino que se profundizan. Para el caso de Cali, las problemáticas se repiten: la inseguridad, la movilidad, el Sistema de Transporte Masivo -MIO, EMCALI, el desempleo, la invasión del espacio público, el deterioro de la malla vial, el aumento de las invasiones en la zona de ladera y la contaminación ambiental.

Quienes votan en la ciudad no superan el 50% del censo electoral y los alcaldes que han sido elegidos en los últimos 12 años lo hicieron con solo el 20% de los votos del total de las personas habilitadas para votar. En una democracia se debe respetar la decisión de los electores, pero está claro que una gran parte de la ciudadanía esta indignada con la clase política por lo cual prefiere no votar.

No se puede ignorar la tiranía de las encuestas que manipula al ciudadano para que vote por el que va de primero en las mediciones. Los electores se acostumbraron a votar por el que va de primero, por el menos malo o en contra de. No hay un análisis con cierta rigurosidad que permita identificar al más preparado, el que tiene la mejor experiencia, el que actúa de manera ética y transparente y que aparentemente está rodeado de las personas más idóneas y capaces.

Cuando se hace este breve recuento de la dinámica política que nos ha acompañado en las últimas décadas, se observa que para que los políticos hayan podido ganar las elecciones ha sido necesario contar con un electorado que vote. Si se han elegido candidatos corruptos que han abusado del poder y se han apropiado de los recursos públicos significa que hay una ciudadanía que se ha vuelto cómplice por múltiples circunstancias de esta situación. Pensábamos que los corruptos estaban en la otra orilla y resulta que convivimos con ellos.

Imagen: Augusto Ilian.

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

Deja un Comentario