Aprendizajes del proyecto de ampliación de la Avenida Cañasgordas

Cuando mi hija estaba pequeña, procuré enseñarle amor por el  estudio y el conocimiento. Así que eché mano de un juego de palabras para recordárselo. Le dije: Mariana, estudiante significa que estudia antes.

Pareciera que quienes concibieron el proyecto de ampliación de la avenida Cañasgordas desde el río Pance hasta la glorieta de Alfaguara en Jamundí no lo hicieron así. Solo después de que el proyecto estuvo aprobado y los astronómicos costos de valorización llegaron a los sorprendidos propietarios de predios aledaños a la vía, con las subsiguientes protestas y denuncias en medios de comunicación, fue que emergieron las evidentes inconsistencias que llevaron a la cancelación del proyecto por parte de la gobernadora del Valle del Cauca.

Para finales del 2018 cuando esto sucedió, ya conocía a Jairo Mazorra, aunque no había tenido la oportunidad de escucharlo hablar, con la autoridad que tiene en planificación y urbanismo. Jairo, quien fuera decano de arquitectura de la Universidad del Valle  y presidente de la Asociación Colombiana de Facultades de Arquitectura, presentó a un pequeño grupo de vecinos que iban a ser víctimas de semejante exabrupto, un análisis digno de ser conocido.

En primer lugar, el proyecto no entendía la relación vivienda-trabajo de la avenida Cañasgordas, como criterio preliminar básico para la proyectación desde la planificación urbano-regional. Jamundí es hoy el centro urbano menor con mayores índices de crecimiento poblacional y físico del suroccidente colombiano y gravita en torno a Cali.

Esto conlleva al segundo punto: la función específica del tramo que se iba ampliar, es la de ser de paso, utilizado principalmente por vehículos particulares y en menor volumen por motos;  y la presencia de bicicletas y recorridos peatonales con un uso de la vía de baja frecuencia.

En tercer lugar, el proyecto ignoraba la elemental relación origen y destino, pues los flujos de vehículos particulares no se dirigen al puente sobre el río Pance, sino entre Jamundí – Cali y viceversa. La delimitación del tramo, de manera increible, era técnicamente equivocada, pues debe realizarse entre bordes urbanos de significación urbanística, casi siempre coincidentes con intersecciones o distribuidores viales jerarquizados, aspecto que no se cumplía en el proyecto. Lo adecuado es hacer la delimitación entre la glorieta de Alfaguara y la intersección de la avenida Cañasgordas con la carrera 100.

En vez de abordar el problema de fondo, que es el transporte,  se estaba enfocando a atacar las manifestaciones o síntomas del mismo. Más que mejorar la movilización de vehículos particulares, se debe solucionar el desplazamiento de un mayor número de pasajeros, mediante un modo de transporte que requiera de menos espacio público para su operación.

Así, es posible plantear alternativas de solución hacia el diseño de un modelo de transporte público-colectivo, como lo señalan expertos nacionales e internacionales, sin menoscabo del transporte en vehículos particulares.

Finalmente, y de manera colateral, la presentación del proyecto por parte de la gobernación hizo emerger otros problemas de la zona rural del sur de Cali y que merecen pronta atención y solución: la falta de desarrollo urbano que se expresa en la ausencia de infraestructra básica de acueducto, alcantarillado y el deficiente servicio de energía eléctrica y telecomunicaciones.

Que la ciudad se desarrolle urbanísticamente en el sur sobre la base de condominios que por un lado extraen el agua para consumo y por el otro crean sus propios pozos sépticos,  es un problema que espera de una solución para la sostenibilidad ambiental  y social en el mediano y largo plazo.

A Mariana, la estrategia de estudiar antes, le ha funcionado bastante bien. Es de esperar que los futuros proyectos escuchen e interpreten adecuadamente las necesidades actuales y futuras de las comunidades, construyendo soluciones esenciales de manera colectiva.

Fuente imagen: www.elpais.com

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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