Un apóstol para Cali, no un mártir

La ciudadanía caleña debe rechazar de manera categórica las amenazas de muerte que recibió el Arzobispo de Cali Monseñor Darío de Jesús Monsalve el pasado fin de semana.
Sin distinción de credo religioso o pensamiento político, por humanidad y solidaridad, es preciso rodear a uno de los líderes espirituales más importantes de la ciudad y hacer un llamado a las autoridades para que protejan la vida de quien ha sido un incansable apóstol de la paz y la reconciliación, no solo para la región sino para toda Colombia.
Nuestra sociedad debe condenar en forma vehemente los señalamientos que desde sectores políticos irresponsables han hecho en contra de la honra del Arzobispo, relacionando su labor como mediador de paz, con una delirante pertenencia a grupos armados al margen de la ley. Invito a estos sectores a que asuman responsablemente su papel en el debate político y eviten expresiones que puedan incitar a la violencia verbal o física, en este caso contra el Arzobispo de Cali.
Durante las últimas semanas varios líderes sociales han sido asesinados por fuerzas oscuras que se oponen al proceso de paz. Quienes desde la cobardía del anonimato han amenazado a Monseñor Monsalve, sustentan su vileza en el esfuerzo honesto, valiente y continuo que ha adelantado el arzobispo de Cali por la solución negociada del conflicto armado y la construcción de paz en los territorios.
La sociedad y el Estado deben rodear a todos los líderes sociales que han sido amenazados por su vocación cívica y pacífica. En el camino de la paz, el país no puede perder a sus guías más perseverantes en el tramo final.
El país está atravesando por un periodo decisivo de su historia como nación, en el cual busca erradicar para siempre la violencia como medio de acción política y recomponer las relaciones sociales desgarradas por tantos años de barbarie. Los líderes públicos deben ser conscientes de ello y por tanto moderar el lenguaje del debate. La instrumentalización política del odio como forma de liderazgo social, hace brotar lo peor del ser humano.
En el pasado reciente, Cali perdió a uno de sus más importantes líderes religiosos, Monseñor Isaías Duarte Cancino a manos de la violencia. Esta trágica historia no se puede repetir. Cali no puede convertirse en una villa que hace de sus líderes más notables mártires de la libertad y de la paz. Impidamos que esto vuelva a ocurrir.

 

Oro por la vida y la integridad de un auténtico artesano de paz, cuyas únicas armas han sido su cédula, la cruz y el mensaje de perdón del Evangelio.

 

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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