Armitage: un año de ajustes

Soy de los que creen que las buenas gestiones, aquellas que realmente transforman las sociedades, no suelen verse sino al final de los mandatos o tiempo después que el artífice ha dejado de gobernar. Por ejemplo, a Rodrigo Guerrero recién se le reconocen algunos de sus logros, como el hecho de dejar financieramente sana a la alcaldía de Cali. Y espero que con Maurice Armitage ocurra exactamente lo mismo: las complejidades de la tercera ciudad más poblada del país, con grandes retos en distintos frentes hacen poco probable que las más importantes decisiones de su gobierno empiecen a dar frutos en el corto plazo.

El primer gran desafío que enfrentó el alcalde Armitage es el carácter paquidérmico del Estado. Lento, gigante, lleno de procesos y reglamentos que increíblemente para hacer trampas todos obvian con facilidad, pero para ejecutar obras impone toda clase de obstáculos. Eso hizo que los primeros meses de la actual administración municipal dieran la sensación que teníamos a un alcalde aturdido y sin una hoja de ruta. Sin embargo, creo que el periodo de ajuste ha pasado y se empieza a notar algunas señales que la ciudad mantiene el buen rumbo, pese a las turbulencias: no podemos esperar que un gobierno en un año apruebe todo con honores, esto no se trata de una tesis de grado sino de gobernar una ciudad diversa y con particularidades que la hacen realmente un reto enorme.

Es así como no nos declaramos satisfechos por el aumento notable de los hurtos callejeros -he sido víctima de dos atracos de teléfonos en dos meses seguidos-, pero sí podemos ver con satisfacción -aunque sin bajar la guardia- que los homicidios se encuentran en su punto del histórico más bajo casi desde finales de la década de 1980. Por otro lado, enfrentamos retos enormes en materia de movilidad, pero 2017 será un año particularmente importante una vez que entre en ejecución el plan de salvamento del MIO, se construyan algunas vías como la Avenida Ciudad de Cali en el suroriente de la ciudad y se sientan los efectos de decisiones impopulares, pero de alguna manera necesarias como la tasa de congestión y el cambio del pico y placa. Sigo insistiendo: no es justo que el sur de Cali colapse, si a 100 niños de los colegios de Pance los pueden dejar de recoger 100 carros particulares y en su lugar llevarlos y traerlos en tres buses. Con los incentivos adecuados y no pocos disgustos, es posible impactar positivamente en la movilidad. Creo que, con una secretaría de Movilidad orientada hacia fines más estratégicos y menos operativos, como está concebida en la reforma administrativa, es posible tener buenos resultados.

Por supuesto que al terminar el primer año de Armitage hay tareas pendientes y retos por asumir, ¿alguien esperaba que la tarea estuviera hecha tres años antes de cumplir el periodo?, no y creo que este primer año debe evaluarse es por la capacidad que tuvo la alcaldía de prepararse para los retos que vienen: la actualización de la estructura del gobierno municipal es señal de ello. Aquí no caben calificativos como ambiciosa o mediocre, sino si era necesaria o no. Y creo realmente que para Cali era una necesidad tener una administración que tuviera la capacidad de responder a los desafíos que se tiene enfrente.

En materia económica soplan buenos vientos para Cali. Su mejor desempeño en lo productivo no depende de la recuperación de los precios de las materias primas y sí de condiciones asociadas a la competitividad. Es un acierto entonces que hoy la ciudad cuente con una Secretaría dedicada al fomento de la inversión, el desarrollo de las cadenas productivas y el mejoramiento del clima de negocios. De alguna manera, este gobierno da confianza a los empresarios y ese es un valor muy favorable.

¿Pendientes? Hay varios: la pérdida de conexión entre la alcaldía y la gobernación -por supuesto, culpa compartida-, el deterioro de la percepción de seguridad por cuenta del aumento de los hurtos, los problemas sin resolver de Emcali y el atraso aún sin soluciones definitivas de algunas obras de infraestructura, por resaltar los más notables. Sin embargo, aún hay un camino por delante para dejar sentadas medidas que contribuyan a mejorar la calidad de vida de los caleños y sortear con éxito los desafíos de corto y largo plazo. Confío que Armitage y su gobierno tendrán la voluntad y la idoneidad para lograrlo en los tres años de gobierno que le restan.

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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