Agua con aceite

La paz y el conflicto, no es posible separarlos como el agua y el aceite, porque la paz no es ausencia de conflicto sino la capacidad de sobrellevar el caos y encontrarle el mejor orden posible. La violencia viene siendo la ruptura de la armonía entre la relación necesaria e inevitable entre la paz y el conflicto.

Pensar en una definición de paz implica ahondar en debates provenientes de diferentes representaciones, culturas, teorías y símbolos, que me hace pensar la paz como algo tan abstracto pero que en realidad todos tenemos claro en nuestro imaginativo; ese estado o ese sentimiento de paz que tendemos a buscar, casi siempre, en medio de nuestro propio caos. Lo que sí contemplo es la necesidad de llevar nuestra noción de paz como la esencia de nuestras decisiones individuales, políticas y sociales.

Ghandi nos ilumina diciendo: “No hay camino para la paz, la paz es el camino”. Este camino no nos conduce a pensar la paz en la dualidad de lo bueno y lo malo, porque entonces encontraríamos todos los medios para llegar o construir la paz en un manual de indicaciones

de hombres virtuosos cuando ella es el medio en sí misma. En este sentido, no necesitamos discursos políticos con propuestas para la paz, se necesita hacer política bajo la luz y la sombra de la paz. Parece entonces que en la política sí es necesario tener una noción clara de paz y quizá es tan sencillo como construir discursos tolerantes, en donde las tensiones son expresadas y respetadas, más no eliminadas, suprimidas, censuradas o asesinadas. Pero la política no es sólo un discurso de un candidato, es también el medio por el cual todos nos coordinamos y mediamos nuestras tensiones en la arena del poder en nuestra cotidianidad. Así, puedo entender que la política desde la paz es, entonces, un estilo de vida que se replica en nuestra cultura, en nuestro Estado y nuestro gobierno.

Me pregunto, luego, en la historia de nuestra nación, nuestra política y nuestra sociedad, ¿qué nos ha llevado a vivir la cotidianidad y la política desde la violencia en Colombia? Hemos perdido muchas vidas en nuestro camino de paz, que, además, ha estado acompañado de arduas luchas contra el narcotráfico, la corrupción y la indiferencia. La importancia de mirar hacia atrás en este camino nos permitirá comprender que la paz no se cumple desde la izquierda, la derecha o el centro y que tampoco viene en un paquete de políticas públicas que recomiendan otros países con aparentes democracias intachables. Se recomienda, entonces, poner la historia de nuestra nación y una cotidianidad de paz al alcance de los niños, los políticos y de nuestras propias decisiones.

El conflicto, la paz y la violencia, cada elemento con su complejidad, está atada a procesos individuales y colectivos simultáneos y que se sobreponen entre sí. No podríamos encontrar un fin en lograr o reencontrar la paz en medio del conflicto inevitable, inherente a la vida y a la política, se debe aprender a vivir en el conflicto mediados por decisiones, comportamientos y discursos de paz que no permitan la intensificación de la violencia en todas sus formas. Finalmente, retomo esta frase de Zuleta (1982): “Que sólo un pueblo escéptico sobre la fiesta de la guerra, maduro para el conflicto es un pueblo maduro para la paz” (Sobre la guerra, p.111).

Fuente imagen: https://bit.ly/3iIpQX3

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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