Adviento y Navidad: época de reflexión

La Iglesia enseña que el Adviento, que precede a la Navidad o mejor a la Natividad del Señor, es una época durante la cual se debe meditar acerca de los cambios que debemos hacer para recibir al Hijo de Dios, mensajero por excelencia de la paz.

Colombia es paradójica, al mismo tiempo conjuga la luz y la sombra, lo claro y lo oscuro: el mundo entero ha elogiado al país por haber pactado después de cinco años, mediante el diálogo lúcido y persistente,  dos acuerdos de terminación del conflicto con la guerrilla más antigua del mundo, caracterizada también por ser intransigente y violenta: el sistema y la enemiga del sistema  consiguieron ponerse de acuerdo.

Simultáneamente, gran parte del país, el gobierno e importantes partidos políticos y otras instituciones, todos partes del sistema, continuamos zahiriéndonos mutuamente, emitiendo declaraciones que sólo tienen en común su carácter negativo y estéril. ¡Hemos llegado incluso a poner en duda la seriedad del Parlamento Noruego, otorgante del Premio Nobel de la Paz!

Hoy, en ejercicio de mis derechos ciudadanos de opinar libremente, me permito pedir  al Presidente de la República y al gobierno, a los jefes de los partidos políticos, a los dirigentes del sector privado y a la ciudadanía en general lo siguiente:

  1. Pasemos la página y todos unidos, ejerciendo la crítica constructiva cuando a ello hubiere lugar, dediquémonos todos a implementar el Acuerdo de Colón, haciendo nuestro mejor esfuerzo para decidir lo que más convenga a los colombianos todos. ¡Aprovechemos lo mejor posible esta invaluable ventana de oportunidad!
  2. Al mismo tiempo, miremos hacia adelante y emprendamos unidos retos que el país necesita afrontar para lograr una paz sostenible: combatir la corrupción, reforma de la justicia, lucha contra la inequidad, la pobreza y similares.

Es urgente eliminar la corrupción de la política, la corrupción de la justicia, la corrupción en la contratación pública, la corrupción del sector privado en su relación con lo público, que los ciudadanos dejemos de engañar al Estado y a nosotros mismos tomando ventajas que realmente son conductas corruptas.

El reto de luchar contra la corrupción es  inmenso y de larguísimo plazo. Supone que todos asumamos profundos cambios culturales, y tomemos medidas extremas aunque sean dolorosas, pero bien vale la pena. Si logramos de manera sostenida y gradual disminuir el impacto de la corrupción, los déficit fiscales serán mucho menores, el impacto de las inversiones sociales será positivo por excelencia y similares.  En fin, Colombia será un país más equitativo, incluyente y sostenible en el tiempo.

¡Es tiempo de unirnos para luchar contra la corrupción!

 

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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