Abramos los ojos

Cuando se tiene el privilegio de contar con este tipo de espacios para compartir con los lectores lo que ronda dentro de nuestra mente, muchas veces lo que nosotros mismos escribimos nos deja pensando. Me pasó con mi última columna Son mejores que nosotros en la cual entre líneas dije que los columnistas estamos destinados a desaparecer -al igual que la prensa como hoy la conocemos. -Lo creo porque el ego y la prepotencia de algunos periodistas, directores de medios y sus juntas directivas no les han permitido ver que podrían sobrevivir si miran más allá de sus ombligos y aceptan que el cambio y la innovación en la noticia (y no en el negocio) son un factor crucial.

Una conversación de avión con alguien a quien también le preocupan la supervivencia de las noticias y de la democracia, me puso a rumiar todavía más. Claramente no me he inventado nada nuevo ni tengo la solución mágica, pero sí pienso que es un tema que vale la pena poner sobre la mesa para abrir una discusión más amplia al respecto.

Cada que un periódico sale de un grupo de colaboradores, es una nueva apocalipsis porque se cree que la digitalización y la falta de pauta acabaron con siglos de una institución. Unos lloran y se rasgan las vestiduras, otros rediseñan fuentes, meten más colores y agrandan las fotos e ilustraciones, pero pocos admiten que las heridas casi mortales fueron autoinfligidas y que faltó visión.

Craig Aaron, un defensor de la noticia y presidente de Free Press, se pregunta al respecto: ¿Las ganancias que durante décadas tuvieron los medios impresos, la radio y la televisión se invirtieron en investigar y aprender para ofrecer productos de calidad e innovación para el futuro, o simplemente se repartieron como dividendos entre los socios?  También se pregunta: ¿En realidad la prensa fue activa en la creación y desarrollo de políticas públicas y legislación que no la perjudicaran o se durmió sobre los laureles del poder en eso de ser el cuarto poder? Son preguntas duras y de fondo, pero que dan una perspectiva real de la situación no solo en Colombia, sino en el mundo.

Pienso que también gremios y asociaciones fallaron mucho en no enseñar a la población que las noticias de calidad son un servicio público absolutamente esencial para la preservación de la democracia. Allí se perdió una oportunidad de oro para llegar a contar hoy en día con fondos del erario por ejemplo para investigación y desarrollo o para ayudar a masificar las noticias a través de multicanales.

El hecho es que la información y noticias de calidad ilustran, abren el mundo al público, dan perspectiva y en palabras castizas, nos desembrutecen y esas noticias se han perdido. El contenido bueno es cada vez más escaso. Y volviendo a lo que reflexionaba hace dos semanas, pienso que son las noticias de calidad las que podrían extraernos del riesgo que supone el pensamiento superficial de muchos en la Generación Z. A ellos les gusta leer, saber acerca de lo que sucede a su alrededor, tener una posición, pero no estamos ofreciéndoles noticias como a ellos les gusta consumirlas. Estoy convencida que su gusto no es solo por lo digital, es más por lo que sea atractivo, dinámico, que lo sientan personalizado y que tengan claro qué beneficio obtienen con ello.

Yo sí creo que hay futuro para la noticia, yo sí creo que ella puede ser rentable y también creo que la calidad de la sociedad y la preservación de nuestra democracia dependen mucho de ella. Es hora que abramos los ojos.

Imagen: https://bit.ly/2O5V3b6

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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