¿A dónde vamos?

Cuando los héroes de la mitología atendían la llamada a la aventura, traspasaban el umbral de su zona de confort e iniciaban una travesía superando complejas pruebas, en un proceso de la psiquis por terrenos desconocidos y peligrosos.  Es un proceso que puede realizarse a través de un sueño, o en el tránsito real por lugares oscuros entre deseos y temores, hasta alcanzar un renacimiento. Aún cuando las circunstancias de vida y tiempo del hombre contemporáneo, difieren en un todo al de la antigüedad, guardadas las proporciones, persiste el impulso del hombre de salir hacia ignotos lugares.

Hoy, como se sabe, es posible partir hacia diferentes destinos de muchos modos. Incluso, si no es posible el desplazamiento físico y sin necesidad de traspasar umbral alguno, la tecnología le lleva a donde se quiera. Hay un hilo virtual como el de Ariadna que guía hacia una realidad lejana, pero inmediata a la vez. Las herramientas digitales han permitido explorar el mundo desde el confort de un hogar, para apreciar tierras lejanas, museos, maravillas de la civilización y de la naturaleza, con detalles, dinámicas, perspectivas, colores, es decir, en dimensiones que directamente no se hubieran apreciado de igual forma. También puede recorrerse episodios de la historia, obras de ficción o sucesos en producciones extraordinarias. Es un privilegio contar con tales recursos y una deuda social con quienes aún no los tienen.

Como si no fuera suficiente, el cerebro  es la mejor herramienta para llegar a lugares en imágenes que van más allá de las que la vista alcanzaría. Quien escucha una narración puede volar con la imaginación hacia el paisaje que describe el narrador. Jay Parini, novelista y crítico que escribió Borges and me,  cuenta que haber sido acompañante de Jorge Luis Borges le representó un punto de inflexión en su vida y la certeza de estar ante un hombre único. Una anécdota de Parini viene a propósito de las posibilidades de ir a un lugar para verlo, aún si los ojos no pueden hacerlo. Cuando Borges le propone ir a las tierras altas escocesas pues siempre quiso conocerlas, Parini le responde como cualquiera lo hubiera hecho, o al menos pensado: “Pero Borges, ¡usted es ciego!”. La respuesta inmediata sin inmutarse fue: “Ay no, querido chico, no me digas que vos sos ciego también”.

A otros lugares se va en los libros.  Ellos son lugares donde residen profundidades del alma humana, y se asientan o transcurre el pasar de las vidas. Se dice que después de leer un libro, uno no vuelve a ser el mismo. En EL  LIBRO, Borges afirma: “De los diversos instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo. El microscopio, el telescopio, son extensiones de su vista; el teléfono es extensión de la voz; luego tenemos el arado y la espada, extensiones de su brazo. Pero el libro es otras cosa: el libro es una extensión de la memoria y de la imaginación. En César y Cleopatra de Shaw, cuando se habla de la biblioteca de Alejandría se dice que es la memoria de la humanidad. Eso es el libro y es algo más también, la imaginación. Porque, ¿Qué es nuestro pasado sino una serie de sueños?¿Qué diferencia puede haber entre recordar sueños y recordar el pasado? Esa es la función que realiza el libro.”

Está también el mundo de las ideas, a donde se puede ir una vez superadas las sombras para llegar al entendimiento. De regreso a la antigüedad, es conveniente la alegoría de la caverna de Platón.  Es una caverna donde los prisioneros desde su niñez, se hallan de espaldas a la hoguera, de tal modo sujetos que solo ven las sombras de quienes pasan. Estas sombras son lo único que conocen, aparentan una realidad sin serla. Al igual que los objetos en el interior de la caverna, las sombras simbolizan creencias, conjeturas, conocimientos falsos. El conocimiento de la realidad comienza al salir de la cueva y dirigirse a la luz cuando un prisionero escapa y se da cuenta que lo que veía no era verdadero.  Cuando vuelve a la cueva el prisionero le cuenta a los demás, pero no le creen, hasta lo matarían si pudieran. Con prescindencia de la profundidad y detalle del simbolismo que hay en la alegoría como plano de las ideas y del conocimiento platónico, se entiende que afuera de la caverna está el mundo de las ideas y la verdad,  a las que se  llega a través de la razón y no de los sentidos.

 

 

Referencia.
http://www.laserpblanca.com/borges-el-libro

Foto de Stanislav Kondratiev

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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